Fotografía de viaje en el fin del mundo | Bailar Descalzos Fotografía

Bailar Descalzos en el fin del mundo



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Viajar es una de nuestras pasiones y cuando el viaje que emprendes te lleva al fin del mundo, no podemos sentirnos más entusiasmados. Está claro que la fotografía de viaje definen nuestra identidad y son parte de la columna vertebral de Bailar Descalzos. Pero en esta ocasión no se trata de un viaje cualquiera… se trata de cumplir un sueño.

Aún recuerdo cuando era pequeña y descubrí en una enciclopedia , (en esa época no tenía internet, ni sabía que existía, así que los libros eran mi ventana al mundo) un lugar llamado Tierra del Fuego, en Argentina. En ese momento, mi mente soñadora e inocente se imaginó unas tierras áridas habitadas por dragones que volaban y surcaban las costas entrecortadas del fin del mundo. Años más tarde, descubrí que no había nada más lejos que la realidad, pues vi en un documental (la televisión también era otra buena amiga por entonces, que me ayudó a descubrir el fotoperiodismo), que era una zona de frío y nieve y la entrada a la Antártida.  No había dragones… pero aún así tenía que  conocer ese lugar tan exótico.

Cuando pisé Tierra del Fuego por primera vez, me vino a la cabeza esa niña de mente inquieta y se me empañaron los ojos de lágrimas al pensar que se sentiría orgullosa de lo que estaba haciendo en ese momento. Vale… ¡es verdad! Las lágrimas en los ojos eran por que hacía un frío y un viento que pela y mi propio pelo me azotaba en la cara sin dejarme ver que tenía delante de mi. Que pena lo de los dragones! Que bien venía un poco de calor. La verdad es que los días siguiente vinieron acompañados de mejor tiempo e incluso de un sol agradable.
 

Ushuaia, capital de la provincia del Fuego, la Antártida e Islas del Atlántico Sur

¿Suena genial verdad? ¡Un mundo desconocido! Una ciudad en los más recóndito del mundo, en el último punto habitado de la tierra ¡Que decepción! Eso parecía Disneylandia… Tiendas, merchandising, cadenas de restaurantes, hoteles, hoteles y más  hoteles… Resulta que era un gran parque de atracciones para turistas y no era para nada lo que había imaginado. Después de ese chasco, poco a poco mi ánimo volvió a subir y comenzamos a disfrutar del lugar huyendo de las hordas de turistas para adentrarnos en los bosques que rodeaban la ciudad.

Tomamos rumbo a las montañas para poder ver el Glaciar Martial. El camino fue maravilloso, mágico, pero al llegar allí.. ¡otro chasco! ¡Pero si había visto más nieve y hielo juntos en mi pueblo de niña! Por no hablar de que también estaba plagado de turistas lanzándose por el hielo.
Cerré los ojos e intenté quitarme el desánimo y cuando los volví a abrir me di cuenta de que todos estábamos mirando en el lugar equivocado. Si, el Glaciar no era gran cosa pero… ¡que vistas había desde allí! ¡Menudas montañas rodeaban el lugar! Que bosques más maravillosos veíamos desde las alturas… Solo por eso, el viaje había merecido la pena.
 

Océano Antártico

Los días siguiente continuamos perdiéndonos por bosques y caminos, disfrutando de la naturaleza y los animales. Nos tumbamos bajo los árboles a orillas del Océano Antártico escuchando a los pájaros carpinteros trabajar en la madera. Disfrutamos de unos lagos inmensos rodeados de bosque. Vimos a los escurridizos castores y las presas que construían… En definitiva, pasamos unos días muy agradables, aunque lo mejor estaba por llegar…
Nuestro culo inquieto y el amor por la fotografía de viaje nos pedían ir un poco más allá. Así que nos embarcamos y surcamos el Océano Antártico para ver las colonias de pingüinos, los leones marinos y bueno… a pasar mucho frío otra vez.
 

Glaciar Perito Moreno

El final del viaje estuvo coronado con el Glaciar Perito Moreno, un lugar que los amantes de la fotografía de viaje no se pueden perder. Allí quedamos fascinados e hipnotizados con el poder de la naturaleza… El hielo se alzaba con formas únicas que parecían haber salido de un libro de fantasía. Si tenías paciencia conseguirías ver placas de hielo del tamaño de un edificio de 5 plantas derrumbándose violentamente en el mar. Lo vimos, en repetidas ocasiones. El viaje había acabado, pero al final, si tuve el viaje de mis sueños.

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