Vero y Carlos. Boda en la montaña de Guadalajara | Bailar Descalzos

Vero y Carlos. Boda en la montaña de Guadalajara



El viento suave, el olor a madera, el sonido del agua corriendo entre las rocas, la fugaz visita de animales en libertad… Verdad que una boda en la montaña es algo mágico? Para nosotros hacer un reportaje de boda en un refugio de montaña es sublime y si encima es acompañando a parejas cómo Vero y Carlos es un subidón total.

El día que Vero contacto con nosotros recuerdo que nos dijo: “Os sigo desde hace unos años y siempre he tenido claro que si un día me casaba, vosotros seríais mis fotógrafos”. Todo fotógrafo sabe que cuando escuchas algo así la euforia te dura días y días. Y así es como llegaron Carlos y Vero, dándonos alegrías. Vero es una chica de Segovia, es buena hasta decir basta! divertida, bromista, amante de los animales… vamos, un auténtico amor de persona. Carlos es un chico de Burgos, (Aish, que ilusión nos hace siempre encontrarnos a otros castellanos, jaja) es bromista, apasionado, muy querido por sus amigos… La vida les ha llevado a perderse y encontrarse varias veces, a tener que vivir con la distancia, a amarse a pesar de ella y llegar a la determinación de que no quieren separarse nunca más.
 

Boda en un refugio de Alta Montaña

Cuando conocieron el Refugio Alto Rey se dieron cuenta de que no había un lugar mejor donde celebrar su boda y es que la sierra de Guadalajara verdaderamente enamora…  De la misma manera eligieron a todo el equipo que trabajaría para hacer el día que imaginaban realidad, dejándose llevar por ese cosquilleo que sientes con un flechazo. Por eso no se resistieron a la voz de la madrileña Sandra Merino  y al ritmo de los músico que la acompañan, o al fantástico trabajo de la maquilladora Alba Peinado que también se hizo unos cuantos kilómetros para no perderse este gran día.

Todo estaba pensado para pasar el día al aire libre, pero la lluvia decidió hacer su presencia con una tremenda tormenta, y aunque la ceremonia y la fiesta si pudieron hacerse en plena naturaleza, incluso con un cielo soleado, la comida hubo que hacerla dentro. El inmenso hotel/refugio tiene muchísimos rincones espectaculares, pero no estaba preparado para albergar a tantos comensales en un sólo salón, por ello hubo que improvisar  y preparar varios ambientes para que todos los invitados tuvieran sitio. Cosa que todo el mundo aceptó de buen grado (es lo bonito de las bodas íntimas, que todos están dispuestos a hacerlo fácil e inolvidable).

Y qué es lo que puede hacer una boda así aún más especial? Pues veréis, a mí se me estremece la piel de pensar, que ya no es que hayamos hecho las fotos de su boda, un día tan único, sino que además pudimos fotografiar  el momento en el que dieron la noticia de que iban a ser papás. Las lágrimas de emoción, los abrazos intensos, los brindis de euforia… Todo ello inmortalizado para siempre en fotografías.

Vero y Carlos han sido para nosotros un regalo de la vida.

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